La conservación adecuada de las vacunas es de fundamental importancia para lograr efectividad en la inmunización.
Se denomina cadena de frío al proceso de conservación, manejo y distribución de las vacunas. La potencia de las vacunas depende de su mantenimiento en el rango de temperatura recomendado, desde su elaboración hasta su uso.
Recomendaciones para el almacenamiento de vacunas
1. Designar a una persona como responsable de las vacunas.
2. Disponer de heladeras de 2ºC a 8ºC.
3. El refrigerador o la heladera debe ser para uso exclusivo de las vacunas, estando prohibido guardar comidas, bebidas o muestras clínicas en el mismo.
4. Colocar un termómetro de máximo y mínimo en la parte central de la heladera.
5. El termómetro debe leerse muy fácilmente, debe ser de cuarzo líquido y que pueda ser adherido o colocado en la parte interna de la heladera y no en las puertas o laterales.
6. La temperatura puede variar en las heladeras de 2 a 8 grados y debe ser controlada y registrada en planillas dos veces por día.
7. Asegurarse que el suministro de electricidad del refrigerador y heladera no pueda ser interrumpido accidentalmente. Si se requiere descongelar para limpieza o se suspende el suministro de electricidad deben mantener los recaudos necesarios para no interrumpir la cadena de frío para las vacunas almacenadas.
8. Para que el frío se mantenga en forma homogénea deben colocarse paquetes con hielo en el congelador y en la parte inferior botellas de agua para su enfriamiento, separadas por no menos de 2 cm para permitir la circulación de aire ente ellas y así mantener las vacunas a temperatura constante.
9. Las heladeras deben estar ubicadas en lugares resguardados del sol y con separación de 15 cm de la pared.
10 .Los conservadores de vacunas o cajas isotérmicas para transporte deben ser sólidos, de cierre hermético, con lugar para colocar no sólo las vacunas para ser administradas durante el día, sino también para colocar paquetes de hielo en el piso, las paredes y la tapa. La ruputura de la cadena de frío reduce la potencia de las vacunas y contribuye al fracaso primario de la inmunización. El fracaso primario de una vacuna es la principal razón de padecer la enfermedad después de la vacunación. La potencia de una vacuna está fundamentalmente comprometida cuando ésta ha sido guardada por más de 8 meses.